Malestar en la escuela intermedia

El cambio de la escuela primaria a la escuela intermedia coincide con varios cambios importantes para los preadolescentes. La mayoría está atravesando la pubertad; se están conociendo mejor y adquiriendo consciencia de su propia identidad, y su pensamiento se torna más crítico y más complejo. Simultáneamente, sus motivaciones y desempeño académico tienden a descender.

Investigadores de la Universidad de Michigan estudiaron la transición de la escuela primaria a la escuela intermedia, y descubrieron que:

  • En promedio, las calificaciones de los niños bajan drásticamente durante el primer año de escuela intermedia comparado con sus calificaciones en la escuela primaria.

  • Después de pasar a la escuela intermedia, los niños se interesan menos por la escuela y se sienten menos seguros de sus capacidades.

  • Comparado con las escuelas primarias, las escuelas intermedias son más limitantes, presentan menos desafíos al desarrollo cognitivo y se concentran más en la competencia y en comparar la capacidad de los estudiantes.

A través de ésta y otras investigaciones similares, los psicólogos han descubierto una "falta de equilibrio en el desarrollo" entre el entorno y la filosofía de las escuelas intermedias y los niños a quienes intentan educar. En un momento en que la capacidad cognitiva de los niños va en aumento, la escuela intermedia les ofrece menos oportunidades para tomar decisiones y reduce los niveles de participación cognitiva, a la vez que les da un entorno social más complejo. Simultáneamente, varios maestros reemplazan al maestro único en el aula y los estudiantes suelen enfrentar clases más numerosas y un nuevo grupo de compañeros.

Todos estos factores interactúan haciendo difícil la transición de muchos preadolescentes a la escuela intermedia. Los estudios indican que la menor motivación y seguridad en sí mismos contribuye a un bajo rendimiento académico. Malas calificaciones generan más dudas sobre sus capacidades, y de esta forma puede iniciarse un espiral descendente.

Nuevo entorno de aprendizaje y nuevos objetivos

Las escuelas primarias y sus maestros tienden con frecuencia a estar más orientados a las tareas en su enseñanza: El objetivo es dominar una determinada tarea como, por ejemplo, aprender a sumar o restar.

En las escuelas intermedias, sin embargo, el objetivo de la enseñanza se convierte a menudo en lograr determinadas calificaciones. Aprender sigue siendo la clave, pero evaluar el rendimiento también forma parte de la ecuación.

A medida que cambian los objetivos del juego, algunos estudiantes se adaptan y esfuerzan mientras que otros no. ¿Por qué?

Muchos psicólogos que estudian la educación infantil creen que una clave importante reside en cómo los niños consideran su propia inteligencia y capacidades. Si un niño piensa que su inteligencia es fija (soy siempre así de tonto o así de inteligente), este evitará las tareas que representan un desafío a su capacidad o el riesgo de fracasar, y trabajarán en problemas que ya saben cómo resolver.

Los niños que piensan que la inteligencia es flexible (Creen que pueden ser más inteligentes si trabajan en ello), buscan tareas que representen desafíos y consideran el fracaso como una forma de aprender y mejorar. Estos niños tienden a culpar sus fracasos a la falta de esfuerzo más que a la falta de capacidad.

¿Cuáles estudiantes se desempeñan mejor?

Según investigaciones, los niños que creen que la inteligencia puede cambiar con el paso del tiempo se adaptan mejor a la escuela secundaria. Esto sucede incluso en niños que tienen poca confianza en sí mismos. Fueron realmente los niños con mucha confianza en sí mismos que creían que su inteligencia era fija, los que tuvieron más problemas durante la transición. Al parecer, estos niños creían que debían ser capaces de hacer las cosas bien porque eran inteligentes y que no era necesario hacer un esfuerzo adicional para aprender una nueva habilidad. Cuando el aprendizaje "sin esfuerzo" no se realizó, estos estudiantes perdieron la confianza, la motivación y el interés.

¿Qué pueden hacer los padres?

  • Alentar a los niños a probar cosas nuevas, aprender nuevas habilidades.

  • Decirles que está bien fracasar y actuar de esa manera cuando fracasan.

  • Enseñarles que aprender requiere esfuerzo, tiempo y práctica