Luchando contra el aumento de peso

No es raro aumentar unas cuantas libras cuando nos recuperamos de una lesión o problema de salud. Esto es algo que la doctora en psicología, Amy Waters, ve con frecuencia en su práctica, en la cual ayuda a personas a implementar las recomendaciones de sus médicos para mejorar su salud.

“Usualmente los médicos y dietistas envian a sus pacientes a mí porque estos tienen dificultad para mejorar su salud y realizar cambios en su conducta y estilos de vida,” señaló la doctora Walters. “El peso es uno de los factores de salud que más toco con mis pacientes. A veces, este viene acompañado de varios otros problemas de salud. Así que no sorprende que la gente diga que tiene dificultad para ceñirse al tratamiento.”

¿Entonces, de qué forma una psicóloga como la dotora Walters ayuda a las personas a perder peso y superar las barreras que les impiden llevar una vida saludable? La Asociación Americana de Psicología, (American Psychological Association, APA), le pidió a la doctora Walters que nos describiera, paso a paso, el tratamiento en un caso típico.

Caso real: los psicólogos ayudan con los cambios de conducta

Un varón adulto de cincuenta y tantos años con diabetes tipo 2  tiene una cirugía de importancia para reparar una lesión en el hombro. Durante el período de recuperación se ve limitado en el ejercicio y comienza a aumentar de peso. Su médico le dice que debe adelgazar. El hombre intenta varias dietas sin ningún resultado. El dietista envía este paciente a la doctora Walters, que trabaja en el centro de diabetes, para que lo ayude a realizar cambios en su conducta.

¿Qué sucedió en la primera visita?

Walters: Cuando este paciente vino a mí, hablamos de sus objetivos y se le tomaron todos los antecedentes, incluyendo los de salud, anteriores intentos de adelgazar, salud mental, educación, condiciones de vida actuales, apoyo social, niveles de estrés y su aptitud para sobrellevar situaciones difíciles. Exploré las preocupaciones emocionales y conductuales que pudiera tener mientras hablábamos de sus antecedentes médicos y sus creencias básicas sobre la comida. En su caso, me di cuenta de que tenía varios hábitos y actitudes arraigados que no le ayudaban a alcanzar sus objetivos de salud. Por ejemplo, él pensaba que debía dejar siempre el plato limpio, no perdonaba el postre y se comía cualquier cosa después de hacer ejercicio. Tenía la costumbre de ir a la pastelería al salir del gimnasio. También hacía todas las comidas, aún cuando no sentía hambre, y a menudo usaba la comida para lidiar con el aburrimiento. Estos son patrones comunes que con frecuencia veo en mis pacientes. Desafortunadamente estos hábitos y creencias con frecuencia constituyen un sabotaje a los esfuerzos para adelgazar. También hablamos sobre la dificultad para tomar decisiones beneficiosas para su salud e identificamos las cosas que lo hacían tomar decisiones poco saludables. Además, le hice una evaluación para la ansiedad y la depresión, ambas comunes en las personas con enfermedades crónicas como la diabetes y que pueden a veces contribuir a los problemas con el peso. 

¿Qué logró en esa primera visita?

Walters: Al concluir la primera visita, me había hecho un retrato global de esta persona. Resalté aquellas cosas que estaba haciendo bien y que debía seguir haciendo. Luego, hablamos sobre sus necesidades y dificultades. En su caso, tenía muchas creencias y hábitos que le impedían llegar a su peso meta. Accedió a continuar conmigo así que fijamos citas semanales y diseñamos un plan de tratamiento.

¿En qué consistía el plan de tratamiento?

Walters: Los planes de tratamiento son individuales. El tratamiento con frecuencia incluye aprender conductas de autocontrol, cuestionar y cambiar viejas creencias, fortalecer las aptitudes para lidiar con situaciones difíciles y cambiar los entornos doméstico y laboral de manera que éstos contribuyan a alcanzar sus objetivos de salud. En última instancia, ayudo a la gente a enfrentarse a los obstáculos y desarrollar nuevas destrezas de conducta y maneras de pensar. Evalúo y analizo la conducta actual e identifico formas positivas de cambiar los hábitos poco saludables.

En el caso de este paciente, primero identificamos lo que quería lograr y su meta principal, en la que nos enfocamos. Nos concentramos en una conducta a la vez. Por ejemplo, las tardes eran una parte del día en que se le dificultaba mucho mantener buenos hábitos de alimentación. Le pedí que llevara un diario sobre los alimentos que consumía en las tardes y las noches y que tomara notas sobre su entorno, cómo se sentía y en qué pensaba al momento de comer. Estos factores revelaron información importante sobre las motivaciones detrás de sus hábitos de alimentación y nos ayudó a decidir cómo atenderlas.

Díganos más sobre cómo manejó la diabetes de este paciente.

Walters: El paciente de diabetes es responsable del manejo de su enfermedad, así que el autocontrol y la disciplina en la conducta y los estilos de vida son importantes. El régimen adecuado para la diabetes incluye hacerse controles de azúcar a través del día, ejercitarse con regularidad, vigilar la ingesta de alimentos y, en algunos casos, tomar medicamentos. Es imperativo ser disciplinado. He visto casos en que las personas con diabetes dejan de medir el azúcar en la sangre o ponerse insulina por la ansiedad que esto les provoca. Por esto, parte de mi trabajo con estos pacientes es atender este problema.

Otro aspecto importante del manejo de la diabetes es ceñirse a un régimen alimentario. Muchos pacientes saben que necesitan realizar cambios pero no saben bien por dónde empezar o cómo hacerlo. Ayudo a los pacientes a decidir cómo comenzar el proceso de cambio y realizar los cambios deseados un día a la vez. La diabetes es una enfermedad que requiere mucho del paciente. Estos tienen que adherirse a un régimen médico complejo para obtener buenos resultados. Esto puede ser muy tedioso y lleva a muchos pacientes hasta el agotamiento total. En muchos casos, los médicos envian sus pacientes a mí para que los motive.

¿Qué ocurrió entonces con ese paciente?

Walters: Tras varias sesiones, el paciente comenzó a implementar cambios importantes. Empezó a cuestionar viejas creencias sobre la alimentación y a adoptar nuevas prácticas que lo ayudaran a lograr sus objetivos. Modificó su rutina diaria, lo cual le permitió adoptar conductas más saludables y le facilitó tomar las decisiones adecuadas. Dejó de pasar por la pastelería a la salida del gimnasio y ahorró el dinero que se hubiese gastado allí para comprarse un reproductor de MP3 que ahora usa para escuchar música mientras hace ejercicio. Por último, descubrió nuevas formas de lidiar con el aburrimiento. Como resultado, comenzó a perder peso y sus niveles de azúcar comenzaron a mejorar. Tanto él como su médico están contentos con su progreso.

¿Cuánto dura un tratamiento típico?

Walters: Cada persona es diferente. Siempre analizo el estado mental y físico  de la persona y de ahí partimos. Los tratamientos suelen durar entre 6 y 10 visitas semanales o bisemanales. Luego se hacen visitas de seguimiento mensuales o según se necesiten. Las personas que tienen ansiedad extrema y depresión (o cualquier enfermedad mental) podrían necesitar tratamientos más largos o de mayor frecuencia.

Mi meta principal es ayudar a las personas a desarrollar las destrezas que les permitan llevar una vida más saludable.

La doctora Amy Walters es directora de servicios de salud conductuales en el St. Luke’s Humphrey Diabetes Center en Boise, Idaho. Es miembro de la APA y escribe para el blog de la APA, “Your Mind Your Body.”

Cambios en los hábitos de alimentación

Cambiós típicos en los hábitos de alimentación que Walters sugiere a sus pacientes.

  • Vigilar la conducta
    Las investigaciones dicen claramente que la gente que lleva un diario de lo que come tiene mejores resultados perdiendo peso. Además, les pido a los pacientes que apunten información sobre lo que piensan y sienten, además de observaciones acerca de su entorno, para ayudarlos a comprender sus conductas relacionadas con la alimentación e identificar áreas que se pueden atender.

  • Comprender y cambiar las actividades asociadas a la comida
    La conducta es aprendida y rutinaria. A veces, las personas asocian ciertas emociones, experiencias y actividades cotidianas con ciertas conductas. Por ejemplo, si suele comer frente al televisor, su cerebro asociará la comida a la televisión. Puede que usted esté viendo televisión y no tenga hambre. Pero, en su mente, la televisión y la comida van de la mano, así que siente el deseo de comer en ese instante aunque no tenga hambre. Es por esto que nos esforzamos por romper el vínculo entre comer y ver televisión.

  • Estar consciente de las emociones
    Es importante tomar consciencia de las emociones que sentimos cuando picamos entre comidas, comemos en exceso o escogemos alimentos que no son saludables. ¿Lo hacemos por aburrimiento? Les digo a los pacientes que se pregunten si realmente tienen hambre o si lo hacen en respuesta a otra emoción, como puede ser el aburrimiento. En segundo lugar, les pido que piensen en otras cosas que pueden hacer que no sea comer para satisfacer esa necesidad. Si están aburridos, identificamos maneras de sentirse estimulados o entretenidos que no tengan que ver con comida, como leer un libro o salir a caminar. También hay que lidiar con las emociones negativas. Cuando nos sentimos desanimados o estresados, con frecuencia usamos la comida para hacernos sentir mejor. Por ejemplo, alguien que ha pasado por un día difícil y siente deseos de comerse medio litro de helado en la noche. Desafortunadamente esta conducta es contraria a los objetivos de salud que se ha propuesto. Así que la toma de consciencia sobre las emociones conlleva también estar pendiente de los sentimientos y buscar formas saludables de lidiar con ellos.

  • Cambiar el entorno
    Una de mis pacientes tenía debilidad por las galletas Oreo®. Cuando ganó un suministro considerable en un concurso, se le hacía difícil no comerlas porque las tenía al alcance de la mano. Así que tomamos la decisión de sacar las galletas de la alacena y las guardamos en un contenedor en el garaje. Este pequeño cambio hizo que no tuviese las galletas a la vista y eliminó la tentación de comerlas.

  • Cambiar la conducta
    La ciencia de la psicología nos dice que es importante reforzar las conductas que queremos potenciar. Con frecuencia, los pacientes experimentan sentimientos negativos al realizar cambios para la salud y ven el proceso como uno punitivo. Trabajamos juntos para encontrar formas de recompensar los cambios que realizan en sus hábitos alimentarios. Por ejemplo, cuando un paciente trata de reducir la ingesta de golosinas, suelo pedirle que ponga el dinero que normalmente gastaría en comprarlas en una alcancía. Luego, puede usar ese dinero para comprar otras cosas que le gusten, por ejemplo ropa, música o un masaje. Esto se convierte en una recompensa por tomar buenas decisiones de alimentación y refuerza la conducta positiva.